El té es un tipo de infusión que procede directamente de los brotes y de las hojas de la planta del té (conocida con el nombre científico de camellia sinensis).
Una de sus principales características es que tiene un sabor muy fresco; con un toque de amargor (que siempre se puede compensar con algún tipo de edulcorante), siendo la bebida preferida de muchas personas.

A diferencia de otras bebidas (cómo el café que tiene más puntos negativos que positivos), el té ayuda a purificar nuestro interior, además de tener algunas propiedades interesantes para la salud al contener elementos como catequinos, flavanoles, antioxidantes, entre otros. Ayuda a regular nuestro nivel de apetito (saciándonos de forma progresiva para que no nos demos el atracón cuando comemos), lo que ayuda a muchas dietas para adelgazar. También es un buen recurso para tratar ciertos dolores, contener las náuseas, y hasta tiene efecto calmante.

Contiene un compuesto que se conoce como L-teanina; elemento que nos ayuda a calmarnos, así como a concentrarnos en lo que necesitemos.

Diferentes tipos de té y algunas de sus propiedades

Té verde: Es el tipo de té favorito por excelencia. Recibe ese nombre debido que, para poder crearse, sus hojas se tienen que oxidar y ser fragmentadas desde el momento en el que se produce la recogida. Su principal característica es que presentan un tipo de sabor mucho más fresco, en comparación con otros tipos de té. Aunque cada uno puede hacer lo que quiera, este tipo de té no se debería de servir ni con azúcar ni con leche.

Té blanco: Por otra parte, tenemos este tipo de té que se caracteriza por haberse fabricado a partir de hojas jóvenes (es decir, que todavía no han empezado a oxidarse). En el proceso de su cultivo, dependiendo del método elegido, pueden haberse utilizado técnicas especiales para proteger los brotes de los rayos del sol, y así evitar que formen clorofila que fomentarían la oxidación.

Té amarillo: Tiene un sabor bastante similar al té verde, aunque ligeramente más amargo. Se caracteriza por haber sido fermentado, tanto parcial, como completamente.

Té negro: Se produce un tipo de oxidación sustancial, que da como resultado un tipo de infusión rojiza, con una marcada tonalidad oscura. A diferencia de los tés anteriores, las hojas se fermentan el doble de tiempo. Una vez que esto ocurre, las hojas se tienen que secar. Como curiosidad, la graduación del té negro dependerá del tamaño de las propias hojas. Dentro del té negro nos encontramos con el té turco, siendo una variación; se le suele añadir un poco de azúcar de remolacha para darte un sabor especial.

Té azul: Uno de los tés del momento, sobre todo por su característico color azul. Procede directamente de China, en concreto de Taiwán, y se considera un recurso natural muy interesante, útil para perder peso mientras aporta nutrientes que son cruciales para el organismo.

Té rojo: Tiene propiedades depurativas y adelgazantes, con un sabor algo dulzón.

Estos son solo algunos de los tés más populares, pero no los únicos.

Particularidades genéricas del té

Planta de la que se extraen sus características hojas

Esta planta es un determinado arbusto que, a partir de sus ramificaciones, es capaz de alcanzar alturas comprendidas entre los 1-2 metros aproximadamente. Hay casos documentos en los que podemos comprobar que hay ejemplares que han llegado a medir hasta 12 metros; aunque esto no es demasiado usual.

El arbusto se corta intentando que no supere los 2 metros; se esta manera es mucho más sencillo de recolectar. Será a partir del tercer año de crecimiento cuando ya las hojas se pueden llegar a cosechar con un alto nivel de rendimiento.

En la producción de té se pueden causar algunos desechos mientras se desecan, mínimamente nocivos para el medio ambiente.

Existen muchos tipos de tés (que veremos a continuación), pero todos tienen la característica de que las hojas son siempre verdes, con una extensión de 4cm de ancho aproximadamente, y un largo que se sitúa entre los 3 y los 12cm.

Sus flores están dispuestas en grupos de 2 o de 3, debidamente protegidas; tienen un característico color blanco y un aroma de lo más especial.

En cuanto a la zona geográfica de cultivo, empezaría creciendo en algunas zonas de a lo largo del “Extremo oriente”, aunque ahora mismo se puede cultivar en prácticamente cualquier parte del mundo. De hecho, hasta tú mismo/a lo puedes cultivar en tu casa; tan solo te hará falta una maceta con tierra y seguir unos cuidados específicos.

¿Qué aporta el consumo de té a la salud?

El té es el resultado de la infusión que se prepara con las hojas secas que se han extraído de la planta; o bien metemos directamente las hojas en agua hirviendo (o muy caliente), o bien utilizamos pequeñas bolsitas que podemos encontrar en prácticamente cualquier establecimiento. Esta es la opción más práctica y económica.

A nivel interno, el té nos proporciona algunos elementos muy interesantes para la salud, como puede ser el potasio, sodio o níquel. También incluye, aunque en cantidades no tan elevadas, trazas de minerales como el cobre, hierro, aluminio, silicio, fósforo, calcio. Sin embargo, es importante tener en cuenta que a medida que las hojas se van haciendo viejas, estos minerales van disminuyendo en cuanto a proporción, hasta casi desaparecer por completo.

Es por ello, por lo que si vamos a comprar las hojas sueltas, deberíamos de analizar su aspecto. Las bolsitas también tienen una fecha de caducidad que habrá que sopesar, aunque suelen durar bastante.

Por otra parte, un elemento crucial que nos aportan los tés es el flúor. Además de estar implicado en muchos procesos de nuestro organismo, contribuye a reforzar la protección natural de nuestros dientes frente a ciertos agentes extremos.

Ese aroma tan característico que tiene el té, que da lugar a los diferentes tipos, es fruto de un proceso de destinación del aceite esencial que se extrae de la planta.
Además de todo lo anterior, también nos aporta vitaminas muy interesantes como la A, B, C, e y P.